Indicial

Desarraigadas formas del decir e interrogantes.

viernes, noviembre 13, 2009

Conciencia

Inesperadamente la conciencia convive con el cereal en la mesa y los ahumados de la noche. En la pluralidad de lo síntomas se mueve el dolor -dices-. La cefalea, la certeza de las clavículas en el esqueleto, la nostalgia por los afectos adolescentes, la angustia por el apremio nos obliga a mover los ojos y, a veces, lloramos.

Llanto apócrifo en la conciencia desventurada es memoria, humedad, destrucción de redes íntimas; largas tertulias en torno al bien común, a la vecina de arriba, a la protección de las veredas y tus rodillas cristalizan una vez más.

El darnos cuenta de todo nos aniquilaría -dices-; los entornos se colorean y perdemos el habito de vivir en la intemperie. Algunos de los que nos mantenemos vivos creen ser prósperos y tú preguntas por los horarios de los ciclones.

Habituados a la orfandad, a la sensación de desventura; a la conciencia de los abismos olvidamos la necesidad de rehacer las urdiembres y buscas la proximidad, el brazo, la piel, el regazo maloliente de la vida.

miércoles, noviembre 04, 2009

Bajo tu chal

Bajo tu ligero chal una nube, un sombrero viejo, un tranvía desciende por tu piel. Bajo tu ligero chal la llovizna y guardo un lápiz sin punta y el juego de cartas en tu regazo. Un payaso sin nariz, un libro lleno de páginas se acurrucan junto a ti justo en noviembre con la foto del sepulcro de mamá.

Bajo tu ligero chal conseguimos agua entre guijarros y recorrimos vastas partes de este mundo, con la sempiterna sensación de llegar tarde. Cuando los cerros se dibujaron como sombras de papel no te pude ver, apenas el romero cruzándote el rostro.

Bajo tu ligero chal un encierro de siglos, de vida atrasada, el número de días que nos resta por existir.

jueves, octubre 29, 2009

Difícil de entender

Nos renace el pesimismo instintivo, el temor a poderes desconocidos e incalculables, llenos de aureolas, de voces religiosas y razonadas que no se pueden borrar en el tiempo. Sutiles peligros observamos en el musgo, en las hojas de papel, en los pelos, en el nacimiento de las olas, en las monedas; en el paisaje sin tejados, en la tierra cubierta de aceite burbujeante. Con esa indicial -y tan nuestra- mirada nos desesperamos con tantas e infinitas señales en las superficies del caos.

Sin embargo, los recipientes de la Moira todavía recogen el agua lluvia por las noches. En nuestra profunda y necesaria ingenuidad creemos y amamos los órdenes fijos, superiores, opacos y perversos ante los cuales nada podemos hacer, tan solo esperar y todo se recubre de universos chiquititos con las cosas en su lugar y la lluvia interminablemente nos moja cuando cae.

Son cosas propias de los humanos dirá alguien lleno de silencio, lleno de paciencia, muy cercano a la eternidad. Difícil entender el magisterio de la verdad que busca la felicidad de unos pocos. Difícil entender la felicidad de los pocos. Difícil entender la felicidad.

jueves, octubre 22, 2009

Con tu banda de pueblo vecino

Historias entrecortadas, disimuladas con el sabor mercurial de quien las cuenta. Entre líneas hechas a mano -para poder sumar- nos solazamos con las repeticiones austeras de un pasado con tantos nombres, múltiples cosas deshechas y la espalda se dobla de antemano.
a
Fue un diciembre sobre la cuenca izquierda de tu ojo -el que me confunde todavía- cuando hablamos sobre la certeza del existir, de las versiones posibles del volver a mirar.
a
Fue un diciembre escrito, magullado en que nos pusimos a recordar el mismo recuerdo, diez, cien, mil veces y siempre, el mismo recuerdo, fue diferente.
a
Y tememos que no haya escape para este habitar en las neuronas. Nuestras sensaciones de sabernos con hígados, con las flatulencias encarnadas en el esternón; de sentirnos llenos de moléculas huecas como muestrarios para intrusos descosidos que nos olfatean y nos dibujan como la suma de caldos químicos en la boscosa dimensión neuronal de nuestros cerebros.
a
Tan solo eso somos. Fragmentos líquidos y seminales disuelven nuestro estremecimiento de vernos bajando las cañadas, de verte risueña cantando con tu banda de pueblo vecino y de verte flotar como eco. Tan solo eso somos.

martes, octubre 13, 2009

Preguntado por ahí...

La organización de lo vivo humano sobrevive en su trama biológica. El calor de tu boca se adapta a la blanda subjetividad de las personas, a la memoria endeble de las multitudes.

¿Podremos mantener las tramas de sentido y justificaciones como especie? ¿Podremos darnos cuenta de volver a mirar las ganas de dominar, la moral, la ingenuidad; a los analistas y a los motivadores; las motivaciones del vivir a cada hora; los materiales del trabajo; el uso perverso de los públicos y los comunicados? ¿Podremos proteger las intimidades, sanar los inconscientes; salvar a los cívicos y a la política?

¿Podremos acoger a los más chicos, a los ciudadanos, a los que se van? ¿Podremos ir más allá en nuestros rasgos amatorios, en nuestras exigencias democráticas?

¿Podremos arreglarnos para vivir juntos -tantos y tantas- sin matarnos, soportándonos y queriéndonos con la certeza de estar solos, tan solo con nuestro sentido común.

Podremos mutar nuestras maneras de ser en las mañanas, de ir a la escuela, de creer y sentir; de obrar en al calle, de mandar, de publicar, de solidarizar, de matar, de discriminar y explotar, de usar la oración o nos dejaremos estar lejos de esa urdiembre colectiva de la que venimos?

Vacías tus ojos de recuerdos y decides mirar a lo lejos.

sábado, octubre 03, 2009

Se nos fue la negra...


"No existe una escuela que enseñe a vivir"... ni un sombrero que nos tape los pensamientos, los sentimientos.
a
Vida de cantora, alma de piano, llena de tormentos ajenos en ese existir de leyenda, de pueblos apretujados y hediondos de tanto ser melodía.
a
"No existe una escuela que enseñe a vivir".... ni a morir... ni una cultura diferente...
a
Dolores viejos callaron tu voz y vestida de humana te vas con los habitantes del agua y si llaman ellos... diles que no te vas ...
a

domingo, septiembre 27, 2009

Nos tapamos los tajos

Desde siempre nos movemos atados al suelo. Las pisadas amontonadas renacen cortadas entre mapas y estuarios, entre los riscos y las sombras de palomas en vuelo. Vagar, deambular, buscar, asaltar, invadir, dominar es nuestro sino. Somos una sucesión de víctimas para ser victimarios desde las profundidades de los holocaustos que se suman uno a uno, cada vez más cerca. Y nos tapamos los tajos con las mismas hierbas, con la savia sangre de las ortigas, de los musgos, de las caléndulas caídas, de la melisa en su flor.
a
Desde siempre nos juntamos a tomar agua en el torrente de los barrancos, aullando como hombres/hembras, tratamos de besar los senos morenos, la piernas de la vida.
a
Cayendo desde la cruz, desde los ropajes desnudos de los que saben todo, desde la noche clavada en cada estrella que nos dio el espejo para mirarnos. Caeremos siempre para salvarnos y como dijo alguien nos movemos como la vieja espiga de los trigales.
a
Viento y contra viento, la nave suspira el vapor de las olas, pero siempre nos movemos atados la suelo, con los pies en la tierra.

viernes, septiembre 11, 2009

La sonrisa de la alegria

Siempre pensé que vendrías temprano, con el códice bajo el brazo. Lujoso, con incrustaciones animales, con los astros tras tu manga, tras tu polerón rojo.

En el aljibe -donde jugamos con los barcos- te cuento, se cercenan las osamentas de la TV; en el atril de los encuentros se conjugan los primeros verbos, mientras en el entorno baja callada la luna por los cerros.

Recuerda siempre que en un lavacara reventado nos amamantaron a todos los hijos del pueblo, uno al lado del otro y nos empujaron -casi peinados- a vivir la vida.

Bajo tu caligrafía ancestral podemos ver la sonrisa de la alegría, tu sonrisa. Tus viejos manuscritos salen de tus manitas, mientras escondes las lágrimas en la sonrisa de la tristeza, atrás -muy atrás- de la casa de los abuelos.

jueves, agosto 27, 2009

En cualquier parte

Opinión previa, tenaz y vigilante abruma el alma. Convicción dura sobre una flor, sobre las sombras de los ojos, sobre el país de los hiperbóreos diseminados, pegados a sus huesos. Habitando el septentrión en los claustros rojizos, en el agua cubierta de viento, en las barracas rotas por la furia híbrida de las guerras, intentas liberarte de las voces hablantes de los otros.

Militantes sudorosos, mártires sonrojados, tierra llena de ternuras pequeñitas envueltas en micrófonos. Cuan fácil es dar con la filiación de las almas entronizadas en esa masa inmensa de sensaciones y de afectos, de escupos e insultos, con el olor a gente de todos los días y hablar por ellos.

Desde la biología las conexiones solemnes nos desnudan. La veracidad de nuestros cuerpos son conjuntos métricos de junturas, de iniciales escrituras. Tuerces la cabeza siguiendo las manchas ocres de un pincel y buscas salir en cualquier parte.

miércoles, agosto 26, 2009

Sahumerio

Estornudamos bajo las tablas y la poca luz se distiende. Tanteamos los ladrillos, las piedras, el duro mortero en pos de una hendidura, un orificio que nos deje de pensar.

Los mármoles se esculpen quitándonos las manos de las grietas, entre el polvo acumulado, olor a tiempo suspendido. Los rostros cubiertos se abrigan con carbones, leña milenaria y vagan por los rincones de los sábados.

Acechamos por las hendiduras las rutinas de las calles, las maderas se escarchan y tus manos se vuelven de cera, agarradas a los gritos, a la luz que se distiende y no nos escuchan.

Acechamos botando saliva, tus uñas se hieren con el sol destruido y los rostros cubiertos siguen su deambular por los sábados, al filo de la tarde.

Encerrados en los rostros cubiertos, quemamos romero, palo santo y con el sahumerio nos vamos entre las grietas purificadas, doblando la esquina después y antes de amar.

sábado, agosto 08, 2009

Con el pasado a cuestas

Dónde poner la imagen del martirio, esa espera cansada y sueltas tus manos en tus huesos. Vuelves a mirar por la misma hendidura de hace años pero ya no es mundo que viste. Y pensar que la escritura te nace desde la biología, entre embriones y la novelería torpe de los exploradores de tendones.

Dices que la insulina deja rastros como los sermones. Te preocupa el peso, la flacides de los senos, la respiración de los felinos. A tientas fustigas -con cuatro trazos en el musgo- a todo el vecindario que lee y mira por las viejas hendiduras los tiempos nuevos. Y esa forma tan tuya de herir con el idioma, con el zarpazo consonante, depilado, me provoca tristeza.

Vuelves a mirar por la hendidura -oculta entre los fierros del taller de papá- este mundo encarnado en obsolteas escrituras, en mandatos, en la voz ansiosa del útimo turno. Basta ya del testimonio con viejas palabras. Basta de pensar con el pasado a cuestas.




jueves, julio 30, 2009

Otra vez entre tantas cosas

Tanta tierra, tanto mar, tantos dientes con cordilleras dentro. Como pelo antiguo tus ojos se agitan, se remesen; cristales venidos de lejos, de minas siderales y te desnudas de pronto defendiendo tu lugar, la cartera, la letrina lúdica de la infancia.

Tanta tierra, tanto mar, tanto tiempo en todas partes. Tanto pueblo, apretados con sus lenguas, con sus materiales, con sus cementerios, con sus ambigüedades llenas de cristos, de profetas, de bailarines y del fabricantes de conciencias difusas.

Re-haces tu cuerpo con botones, mezclas la música con tu torpeza a la hora del afecto y tus huesos crecen. Tanto pensar de tanta gente, de pueblos enteros que se diluyen en anécdotas, en esas ganas de historiar estadísticas y saumerios.

Tanta tierra, tanto mar llevamos dentro, tanta gente. Te vuelves húmeda, niebla y lates con la trascendencia de los seres ingenuos, tanta vida con ganas de creer.

martes, julio 28, 2009

Verdor

Me angustia pasar torpemente, consanguíneo e iluminado, entre las hojas sin mirarte atravesada por magnolias y canelos.


La ropa te forra de creencias y amas por todos lados. En el norte te atosiga un tropel de aves violentas, sonrientes, con el semblante de los seres ahumados.


Me angustia que nadie, con un poco de tenue vida, deposite serenidad y abrigo a la incertidumbre que nos agobia. Los ángeles escudriñan tus verdes vericuetos, los corrales de las aves, tus estantes con aceites astrales.

Me angustian los límites de la naturaleza sobre tu cabeza, cortando los cimientos de la propia angustia: la sangre, los vientres y los modos de hacer las cosas.

jueves, julio 09, 2009

Muriendo

Acariciando la oscuridad morimos por todas partes. Desde la interioridad se intima con la zozobra y el placer, con la vecindad de la hogera, de la catástrofe y sus cerraduras, con la fiebre fosilizada y el infinito siempre escribiendo puertas salidas, descendiendo por tus hombros.

Cerrando las puertas, con pocas luces, nos volvemos tristeza de casa de campo, en medio del torbellino que muta en hombres de puras vísceras.

Esto es cosa de locos, de niños observando los orgasmos de sus padres. Te sientas en las fracturas de la tierra, se condensa el infierno en pocos números y llamas a los perros a lamer tu rumbo.

Acariciando la oscuridad, urdiembre fina, plácida, flácida morimos todos juntos. Qué costumbre la nuestra de preguntarnos en momentos difíciles, por cada cosa, detalle o sombra, por el color del vestido, por las partes de la muerte en una cornisa raída por el viento.

sábado, julio 04, 2009

Escritos del mundo

Puedo recoger todos los escritos del mundo, todas las palabras no dichas, todas las verdades, todas las sospechas, los libretos sin terminar y ponerlos en tus manos.

Puedo recibir todos los deseos y recubrirlos con un paño. Puedo calmar la ansiedad de los que se pudren en dinero. En fin, puedo convertirme en un escudriñador de novelas, pagar a los lectores para que me cuenten la vida de la bibliotecaria, convertirme en red y atrapar todas las recetas para salvarnos de la vida eterna.

No puedo sentir tú fuga de los jardines, tus costillas recortadas, curvadas hacia el estómago. Me indicas el camino hacia la comida caliente y los gatos miran oblicuamente.

No puedo dejar de vender relojes con floreros incorporados, bencina con grumos de porcelana, zapatillas con uñas de colores, mi vida doblada por las puntas y tu imagen con tu espíritu convaleciente.

Puedo habitar todas las vidas del mundo y me pides que no abra las manos ante una puerta cerrada, mientras te elevas transparente, con tus vísceras, el cordón umbilical -regaló de tu madre- y tu sexo despeinado que aloja una maraña de pasiones las que espanté con el diario del sábado y salí a tomar el sol.

Que historias podrás contar luego pero, te aseguro, puedo hacer prodigios con un gesto de marioneta y diez pesos en el bolsillo. Tan solo con eso, te aseguro.

miércoles, junio 24, 2009

La tierra se riega

Desde la tierra emergen tus pechos y aspiro la estirpe alucinada, las moléculas de savia, las fábulas de las edades, los mitos de las razas, las leyendas destrozadas por los barcos, los satélites y Marte nos hurga desde muy cerca.

La tierra se riega, se incrusta en el olfato, en las entrañas del tiempo y cae tu falda cubriendo tu cuerpo, tu espacio. En ese mundo interior, a modo de cenizas, pasan las cosas como suspiros, lamentos y cae tu piel que regresa a la tierra y nos creemos eternos.

La tierra también cae, desciende con un estilo abismal con ese ruido de fondo que nos atrae, seduce y absorbe hacia los límites de la luz. La tierra se nos va sin poder tocarla, acariciar su verdor, su magma, sus atmósferas, su geología madura; sin poder cerrar los recintos donde agoniza la vida.

Con arrogancia de humanos nos sentamos a mirarnos, a sabernos singulares, adheridos a escuálidas justificaciones para ser diferentes, mejores que el resto. A pesar de la nano-basura del aire, te pienso con tu alma entre tus pechos, protegida por tus brazos y un terrón se despega de tu frente

viernes, junio 19, 2009

Demasiado cerca

Cuántas veces anduvimos estilando por caminos helados. Sumidos en sílice hasta la cintura, unidos por los omóplatos, dulces de tanto besarnos los órganos y no nos podemos mirar con la ingenuidad de los primeros días.

Este estar tan juntos, íntimos, con tanto tiempo dentro, nos impide imaginarnos, solazarnos como en los primeros días. En la nomenclatura del tacto, la vida se ramifica cual reptil que se mira la cola con la gota colgando y trato de borrar mi teoría de los hábitos como costuras de la cultura.

Tan cerca, demasiado cerca y los contornos se difuminan: brillan en exceso los vellos, las partes más salientes de los cuerpos, los dientes, la dirección ósea de tu calavera. No puedo ver tu rostro tan solo un cúmulo de señales, tus brazos: un primer plano de piel plegada. Tu sexo sobre un adoquín sin ti.

En la misa soñolienta sólo podemos pensar en la pesadez del estómago debajo del abrigo. Tan cerca y ningún dictamen moral puede evitar tu manía de enroscar los dedos a la ocho. Muy cerca tu tragedia se transforma en un círculo de recuerdos, me enervo y me corto las uñas con tus manos.

Tan cerca, demasiado, y los pétalos amarillos flotan sin saber que es invierno.

miércoles, junio 03, 2009

La sombra como memoria

Desde los inicios, el rastro de los pies entre las piedras se deja ver. Una suerte de músculos con insomnio, de uñas con barro, de sol con larvas citando las cuitas suicidas de los viajeros.

Desde el inicio los océanos medraron, atormentaron la imaginación de los caminantes. En sus orillas se dibujaron anhelos con tambores de lata fresca, saltando las fogatas y todo fue fiesta, un juego de cintura bajo el entorno de las estrellas.

Siempre los inicios son largos, los rastros quedan y simulamos no ver el abismo en el pasado. Vivir el presente, asumiendo el olvido de las estelas, del color visto por primer vez, del sabor a infancia en la que buscábamos la pelota tras las ramas de las siemprevivas; vivíamos entre peñas, en los tejados, curándonos con los emplastos de los más antiguos.

Solemos comenzar a comunicarnos con retórica antigua, justificamos nuestra alma y con delicadeza nos ocultamos de nosotros mismos. Convertimos en arte expeler denuestos contra los otros, mezclando el habla con las lenguas y el rastro de los pies entre las piedras da forma a la sombra, esa sombra que nos acompaña siempre, inclinada como memoria

lunes, mayo 11, 2009

Todo se vuelve lluvia

Más de una vez no entendemos lo que nos decimos. Me escurro en un baño para poder pensar en el alboroto de las agua dormidas. Trepido en esta vida de tantas palabras seguidas de comas, de miradas amorosas y de gotas de lluvia.

En las noches, el sentido se clausura y se vuelve peregrino. Nunca dejamos de preguntar, de buscar cualquier cosa que vuelve, gota a gota, al inicio pero de otra forma.

Nos damos cuenta que no son los mismos rostros, no son las mismas manos las que cumplen el ritual de los besos en el patio del fondo. Con trémulas sonrisas de santos, de doctos los seguros de estar en este mundo de diarios y noticias, de sombras espectaculares, de la gastronomía del espectáculo se vuelven espalda.

Y todo se vuelve lluvia al fin del día cuando las golondrinas ya no están y no se puede ver de tanta noche; más allá del borde izquierdo de tus ojos, encuentro esas gotas de lluvia que me impiden tocar el mundo.

Trepido en esta vida de palabras seguidas de comas, de miradas amorosas y todo se vuelve lluvia.

martes, abril 28, 2009

Pensando el estorbo

A veces pensar es un estorbo. Un rotundo hacer se vuelve plasma ondulante, después del café. Los entornos se vuelven de acero, las begonias se envuelven paños y la maraña de ancestros asustan con su olor a lejanía. A veces, pensar es más que un estorbo, es una ilusión. La lucidez dura poco: trama viscosa que se desplaza a sobresaltos, aprisionada -ahora- en lo tecnológicamente correcto.

Sobre la calidez de la madera, a veces el pensar está cercado, incapaz de soportarse dentro, en los últimos recuerdos de los 4 años. Solemos recrear los sustos del día, la consabida refriega de los lunes, con escritos en el chat y el fulgor de los signos retorcidos.

¿Qué decir -con la velocidad de la angustia- del estorbo del pensar? en esa marsupial forma de escribir el pensar que se alimenta, pernocta y huele a húmedo, a resfrío.

viernes, abril 17, 2009

Juntando pedazos

Juntando pedazos
juntando puntadas lisas
ordenando la simulación de un orden
la unión de esos pedazos muy juntos.

Zurcir entrecruzando los hilos de agujero
tejido infinito de todos los agujeros;
juntar -abruptamente- una cosa desteñida con otra
en el devenir de las cosas separadas.

Estar juntos
asimilados, anochecidos
brutalmente enceguecidos,
místicos en la angustia final.

¿Cómo juntarnos en esta tierra?
¿Cómo convertirnos en coro oculto
en cada una de nuestras costuras?
¿Cómo zurcir la gravedad de mi alma con los demás?

sábado, abril 04, 2009

Allí/ahí

Qué materiales necesitamos para estar dentro, allí-ahí. Olvidamos con facilidad lo recóndito; asumimos el vacío que dejamos con un pétalo, con una lágrima pintada entre las paredes. En el dintel asomas, persistes dentro, allí.

Para estar dentro, con la largueza de tener las manos juntas, es necesario sumar el mundo, volverlo a tejer con el deterioro de las cosas pensadas, sentidas. Al unísono los ruidos suenan, retumban en la sensación oída, vivificada y persistes dentro, asomada como encuentro.

Dejamos de ser en cada instante, ahí dentro. Nos mueven los músculos con sus huesos en esta vigilia de utopías sin regreso. Aprietas una sandía y trans-migras al ocaso, asomada como viento frío.
Nunca supe estar allí, ni ahí donde me dejaste, asomado a la ventana con el gorro puesto.

sábado, marzo 28, 2009

Todavía existes

Desnudez de nube
capricho brotado
acompáñame despacio.

Desnudez de nube
capricho florecido
me duelen las suturas.

Desnudez de nube
capricho mustio
y nos mueve el mundo.

Desnudez de nube
capricho sarcófago
me bajo de tu sombra.
¡Ay! desnudez de nube
nombrarte sola
y todavía existes.

sábado, marzo 21, 2009

Esto de la vida ajena

Las reglas y prácticas de la virtud se desprenden y se encajan en las mandíbulas. Todo se vuelve presencia saturada- cosas con precio- al arribo de la vida ajena. Nos movemos viendonos las caras muy cerca del límite del horizonte.

Es como vivir en ciudades sin señales, con la férrea necesidad de un cordel negro para espantar los tormentos; esa lucha diria por mantener los estribos con las manos, con los zapatos del desolado hombre dejado a la suerte del antiguo habito, dejando de ser teológicamente liviano.

El andar de los mercaderes se vuelve dulce y apacible al decantar la vida ajena; la luz de los corceles rebusca las reservas de lo que nos quedó la noche anterior. Y separando los líquidos del poso, con esa quietud propia de los mortales, vuelvo al estado que tuve antes, cerca, muy cerca de la vida ajena.

domingo, marzo 15, 2009

Apretando lo poco que nos queda

A veces inmiscuirnos en los asuntos del nosotros suele ser desastroso. Meditar, cavilar, susurrar -en un solo instante- suele convertirnos en disparo, en formas de metal duro, en la suerte tirada al olvido.

Averiguamos -a veces- que buscar la liberación de los espíritus, de los locatarios de las cordilleras y extramuros resulta una tarea frustrada. Cuando apenas habíamos salido de las fronteras del santísimo, del viejo roncar de los padres, de ese soñar en lo divino divisamos las tormentas de un mundo ataviado de sistemas. Averiguar las viejas vertientes estilando las aguas de la tierra sin que los metales duros se corrompan fue parte de los recuerdos de la infancia, de esos años en que queríamos ser grandes en medio de tantos cerros.

En esto de estar metidos en uno mismo nos pasamos la vida. Quizá algún día, nos lleven de las manos, de los pies atados por no recordar los primeros años, por no denunciar la privacidad del otro, por no explicar las ganas de cambiar el mundo.

Y nos pasamos la vida apretando lo poco que nos queda dentro.

viernes, marzo 06, 2009

Matinal y sudada

Matinal, sudada, verano en mano; presente a un mismo tiempo en cada parte, rincón o pliegue de tu cuerpo cruzado por las estrellas. Saludas, olvidada de tu nombre cuando alguien explica o diserta sobre la identidad: una suerte de actos prudentes, astutos encaminados a sostener el vernos en todo momento.

Una actitud, una opinión somera, insegura o dificultosa aflora por tu garganta. Te ves sometida a interpretaciones opuestas que se hacen quistes entre tus labios. El volumen de tu alma se transforma en brizna, en estado de ánimo coexistiendo tan solo dos sentimientos.

Matinal y sudada te veo temprano cavilar y asientes con la cabeza. Tienes miedo de las medusas disolviendo la vida del mar, de las piedras de cal que queman tus cabellos, de la vida de cada célula al borde del desorden.

Matinal, sudada llegas a mi.

domingo, marzo 01, 2009

Vaga y sutil


Vaga, sutil, vaporosa humedad debajo de tus pestañas. Lo sutil se inicia entre tus brazos, como halo de vida arropada entre tantas notas musicales; lo vago se vuelve espectador con localización errática: animal verificando las estrellas.

Cualquier otro detalle en la página de tu blog, una carta volando al azar, deja de ser importante cuando bajas por el viejo camino de la playa vaga, sutil y vaporosa, y te ciñes el largo vestido que otrora fue canción en un bar del norte. Llevas las mismas costras de hace siglos, endurecidas a punta de la salobre humedad rodeando la cima tus ojos.

Vaporosa silueta que se disuelve a pesar de las olas dejadas en la playa. Tanta agua junta tras la oscuridad y el espanto nocturno recortando la brisa, desliza la humedad por la vaguedad de tu cuerpo: ciclo indolente y secreto.

Vaga y sutil, te recuerdo.

lunes, febrero 23, 2009

Luces entrañable

Luces entrañable. El diseño inicuo que nos protege amanece sobre las hojas. Suplantas las posturas de las estatuas recogiendo el rocío, el agua que beben las palomas. Esa cualidad de idéntico que nos viene desde las vihuelas, del pensarnos recipientes, desde los ojos inclinados que nos miran recostados uno en el otro.

Entre las begonias, muestras tus entrañas preñadas de ilusiones. Esas del 68, con adoquines y el realismo de lo imposible y nos volvemos sueño encarnado, uñas con pelos; el sarcasmo del buen vestir sollozado por la muerte de los pobres.

Tantos gritones de la existencia, sin reparos usan los sabores del gourmet, la exquisitez del fino saber y de la línea correcta. Tanta sapiencia en bodegones de roble, en las posturas de las estatuas recogiendo el rocío.

Luces entrañable en esta mañana.

miércoles, febrero 18, 2009

Emerges

No surges como tal, emerges como amenaza de ser nostalgia. Siempre fuiste así. Tiemblas al sumergir tu sombra en la poca vida que nos queda. Los vastos paisajes los volvemos a editar con los símbolos del odio, de esta vida de desconciertos, de ilusiones realistas y cálculos meditabundos.

Las costuras están pegadas con números y emerges con tu pelo crespo. Tu estatura cierta se cierra como talega abierta, dejando siempre un agujero para mirar atrás, lo que nos viene.

Simbolizas la unión de las estrellas, la comunión de los despiertos. En tu diario no incluyes la sempiterna tos que te aqueja por las mañanas y, dando vueltas tu cuerpo, simulas las estaciones con la esperanza de esperar los trenes que nunca tomaste.

Emerges andina, cordillera, cerro hediondo y corajudo. Emerges muy despacio como amenaza de ser nostalgia.

viernes, febrero 13, 2009

Pareces rostro

Desde lejos, te pareces, tienes la impronta de puerta chica abierta en otra mayor, un postigo histórico que siempre llevas entre las manos, en tu vientre.

Llevas la cadencia, el aprendizaje propio de la moral que se busca a sí misma. Llevas las marcas que dejan las cosas en las otras cosas y, tu cuerpo atravesado se entrampa pensando en qué podrá caer ante la ausencia de los sacerdotes.

Retomas los remos en tu letargo, en tu sueño con enfado que se hace rostro y persigues lo que en antaño fue bueno.

martes, febrero 03, 2009

Convivir

La convivencia asusta cuando no sabemos por dónde vamos. Cuando somos amenazados en todos nuestros vórtices, en los crepúsculos, con el terror de los asteroides, las guerras focalizadas de rostros cubiertos, los genes salivando, la peste de la obesidad, los niños maltratados, las siervas del señor buscando ser personas, el derrumbe del Vaticano, la ingenuidad abriendo latas de cerveza.

Muchas amenazas devienen de respuestas a preguntas increíbles sobre qué hacer con el sexo, con los vendedores de las calles ambulantes, con la soledad del insomnio, con el aburrimiento del trabajo, con la meditación inconsciente, con las miradas entre los automóviles.

En este estar juntos en el cine, frente al semáforo, ante al infarto y la deslucida silueta de un plato de tallarines formamos redes, telarañas culturales. El computador nos duele en las junturas más próximas a nosotros mismos, allí donde solemos dormir sin acariciar a nadie.

La convivencia asusta cuando no sabemos por dónde vamos, sin pensar que debemos regresar a mirarnos de nuevo.

jueves, enero 15, 2009

Cada hueso, cada vertiente...

Cuerpos pálidos con una canción en las glándulas, abiertos y refulgentes. No se puede ser aguamarina en tu pesado ombligo mientras caen las células de tu cabeza.
a
Navegas entre las ordalías universales con esas ganas de poner orden en este mundo. Cansada de tanto atropello, de la denigración de la sensación humana en esa suerte de mecánica de la muerte.
a
Musitas -atenta como guerrera- ante los espíritus fragantes, con tornillos lentos. Cada hueso, cada vertiente, cada luz. El todo y lo eterno se juntan en oración en las orillas de tu pesado ombligo, allí en el sitio o lugar donde estuviste siempre.
a
Cada hueso, cada vertiente, cada luz, murmuras y te abrigas. Buscas el regazo materno, ta abrazas y el apego se suma en cada célula que cae de tu cabeza.
a
Cada hueso, cada vertiente, cada luz...

lunes, enero 12, 2009

En las trincheras

En las trincheras las vidas circulan como hilos, como estandartes del miedo; en las calles las vidas se esquivan, resbalan, se encogen en cada contacto: alguien tose y se vuelve líquido al calor de las bombas.

Al otro lado, se lucra con el terror de los engendrados al apuro, terror de las paridoras, de los despojos laborales, terror de los que miran sabiéndose parte de la nada.

Gritan, lloran, se espulgan como masa informe, sin valor comercial, con rostros patrióticos, con rostros ocultos; ocultos en rostros, en los corrillos, en los crisantemos llovidos: una suma de desconocidos, narradores, fabricantes de recontos en entornos donde todos ya está dicho de alguna manera.

Observar, disentir, aullar en el margen de los desconocido, sin poder juntarse con los adversarios, con los del otro agujero que simula entender el mapa visto desde lo alto de las desdichas.

lunes, enero 05, 2009

Conectados

Esto de estar conectados a todos en medio de saberse uno. Es un trizar eterno de los tiempos del mirar al vacío, los campos adornados de polvo, los arbustos; la arritmia de las estrellas. El estallar de un cuerpo más abajo de oriente, el trotar del presidente, la supina altivez de una actriz de cine: todo nos llega temprano, a veces abrigados, a veces con frío o con la hediondez de las habitaciones del consumo insolente.

Esto de saberse uno, cada vez más uno, nadando en las resonancias de los demás resulta complicidad íntima pegada a los vidrios, al plasma de los caracoles, a la suculenta biología extendida en los símbolos, en una guitarra disparada al vacío, en la mismísima lectura de escritos naturales.

En esto de estar conectados, el movimiento degradante de un gesto, la apertura intempestiva de una puerta, los parpadeos ciegos nos conmueven, retumban. La cercanía se vuelve colmena, la humedad es aliento y los desesperados mastican y forman tormentas.

martes, diciembre 30, 2008

Extremos sin piel

Pretendo no decir nada de este mundo con huecos de luz.

Nos apretamos en los extremos sin piel, con la premeditación de las ofertas de fin de semana. Las escamas, las protuberancias, las ganas de romper las llevamos dentro, sobre las costillas muy cerca del recuerdo de las tardes de domingo sin sol, latentes y arrugadas.

Aprendemos a no movernos con el afán de no decir nada. Te limpias la vista con el mantel de los demiurgos, te enclaustras en cada abrazo, asumes tu condición de ser viviente y me reclamas por mis ganas de no decir nada en estado inmóvil.

Con al pura sombra, con el escozor del existir, con el lento latido de la respiración retenida no puedo impedir no escribir en el letargo del tiempo abriéndose como espacio, floreciendo. Tu recoges todas las escrituras de los seres existentes y me aprietas las manos.

No nos digamos nada en este transcurrir de signos de hablantes con ojos, de pensantes con líquidos, de locuaces presencias desgastando lo público. Te encoges, transpiras y supuras en los extremos sin piel, ahí donde todo se hunde.

lunes, diciembre 22, 2008

Seguimos buscando

Seguimos buscando en las grietas, entre las páginas, en cada conexión; en esas banderas de niebla que surcan con bramidos los tiempos. Es el encuentro entre tantos, idénticos en el odio al vecino y en la visceral euforia por los tantos del equipo favorito.

Yacen nuestras cabezas sobre trípodes con las cantimploras repletas de vivencias y no sabemos qué hacer cuando despertamos frente a los diarios, frente a los pueblos y las gentes salpicadas por la erosión amatoria.
a
Las junturas están por hacerse y rehacerse; cordeles, ligamentos y cables se desligan, disocian, esquilman los pensamientos de ciudadanías extrañas, pensamientos de orillas de barro donde la igualdad no es más que una alegoría, un tránsito diverso de escapularios y abalorios llevados en los cogotes, debajo del morrión, listos para el combate.

Cómo sabernos unidos construyendo identidades donde siempre tenemos que destruir a alguien, arrastrar las insignias del vencido. Formas peculiares de ser uno, espeso y con rostros casi dislocados.

miércoles, diciembre 17, 2008

La historia del ver

Las primeras grafías en la arena y los lagos; los surtideros de estrellas simulando seres enjutos y traviesos. Luego, la imaginación cercada, los signos de las cosas, de los prados, los dedos con sus carnes, la creencia en lo intangible. La piel extendida en el mármol, brilla con la expresión del saber de las sombras; la ingenuidad de la repetida imagen del cuerpo con sus venas y ardores.
a
Suman doce cuartas los lienzos blancos, descolados, nutridos con óleos de figuras sangrantes, adormecidas bajo la cruz de la existencia. Bajo el sol, se suman las ideas de los números y el infinito y las líneas se repiten como cánones donde las barbas no dejan de estilar resina.
a
Se pintan los poros como secuencias deshiladas, las partes de los rostros no alcanzan a saborear los dulces terrosos de antaño. Siempre habrá algo más que ver -iluminado- debajo de las soleras, de las rocas redondas, del los hombres matándose, sucumbiendo a la miseria de la muerte masiva vaciada en continentes enteros.

viernes, diciembre 12, 2008

Silencios

Esos silencios amorosos después de las palabras, después del suspirar. Esa vasta necesidad de salirse de madre, volverse inconsecuente, desvalido y caótico medra en la fabricación diaria de las historias de vidas. Sacarse las culpas, meterse en las supercherías, en las verdades incompletas susceptibles de ser ordenadas en conjuntos maniatados, míticos.

Quien nos podrá garantizar que existen otros individuos, otros objetos, otros mundos con parajes de un solo árbol, sociedades con parejas sin sentido y esos silencios amorosos que se salen, se revientan aislados como las grupas entre los gritos de las batallas.

La información enferma, adelanta los domingos y los desgrana como frutos del trabajo. Todavía como borradores -listos para pulirse- vamos paso a paso dejando avisos en cada puerta, en las sillas desfondadas, en las moscas de los focos. Una saliva, una canción, una tendencia con claxon se encuentra en la parte final del libro, en su lado más extremo y fértil, en su silencio más amoroso.

lunes, diciembre 08, 2008

Diciembre

Las sombras de diciembre se esconden como los siglos. Tu transcribes notas de ausencia con la testera recostada en la inmensidad del océano y creo sentir aletear el pasado haciéndose presente. Sobre los yelmos se derraman las marcas de flores, la tierra se endurece con el lucro e inicio la loca carrera por sentir el mundo con metáforas en forma de cartuchos, de ciempiés con gorros de metal y la marea te empuja hacia el planeta mientras te mojas las piernas.

Las sombras de diciembre se escurren, anochecen alineandose con júpiter en al constelación de las híbridas; los reductos de tus pasos se encienden en largas hileras de pienso deglutido, de cetáceos quitándose las heridas.

Quiza una o dos velas para lubricar permanentemente los regalos, la atónita sensación de sumisión y resides en las escarpadas riberas del vacío. El viento revela tu palidez y continuas transcribiendo, lánguida y con el vientre sucio, recostada en la inmensidad del océano.

domingo, noviembre 30, 2008

Mirándonos el ombligo

Dejemos que los espíritus se esclarezcan; dejemos que los desiertos se abran por las noches, transparentando los goznes y bifurcaciones, los nervios y tendones de las vidas. Dejemos de simular esa suerte de manía viral que nos azota por horas cuando la pasión arrecia, corroe.

Pendiendo del quicial óseo -que nos ata unos a los otros-, balanceamos la esperanza de nutrirnos con vegetaciones ancestrales, descoloridas, y se nos caen las lágrimas en tormentas, las mariposas dilatadas en remolinos. Nos abraza la novedosa simpatía por las catástrofes, por la desintegración de las mentes.

Dejemos que los espíritus florezcan en la mística de los asediados. Cada vez que nos vemos, las distancias se envuelven, retuercen al ritmo del retorno de espíritus encabalgados, aquellos que nos remesen las partes más locas y perversas de nuestras identidades.

Cada vez que compramos giran los goznes, se abren y se cierran, encerrados en medio de tanta libertad de elegir. Dejemos que los espíritus parpadeen, oscilen, envanezcan, rebelen la latencia de lo innombrable, de lo minucioso, de lo inmemorable.

jueves, noviembre 27, 2008

Dicen de las cosa bellas

No dejan de estirarse los cordeles, las estelas, los altares en los ojos profundos. La belleza vive pegada, apegada y balbuceante a la alegoría de la visión nebulosa, llena de arterias y estrías, aceites y brillos, empujados por la pasión por las cosas, gestos y delirios; cuerpos y tramados del sentir.

Dicen de las cosas bellas encerradas en un corpiño, en un bejuco acostado en las rocas, en la paz de los rostros violentos. De madrugada se nutren los estómagos de carnes vacías, transparentan los órganos sobre la luz, sobre las manos que empujan los carros con arroz, la nervadura recia de los que crujen.

Dicen las cosas bellas los pareceres y la necesidad de armonizarnos con los olores de la complejidad del alma y su retiro. Los desvelos junto a los ropajes, los cabellos y la invención de las bocas iluminadas.

Dicen de las cosas bellas: arcanos para nuestra sobrevivencia.

miércoles, noviembre 19, 2008

Volver al mismo ojo

Volver a ese ojo, a esa terminación de las cosas, a la oscuridad asimilada en los bordes de la ventana. Mugre cariñosa que nutre los vidrios tras la lluvia donde vuelvo al ojo ajeno, a la forma marsupial de piel sensible.

Volver al ojo del que nace y recibes las manos sin detenerte. Escalas por lo síndromes; la artrosis esculpe las vertebras sumisas a la gravedad. Vuelves a sentir el ojo, la órbita sin la luna.

Todo es plano, la negligencia se nutre también de la arrogancia de la espera, en la ventana con los bordes mugrientos de años y vuelves a poner lo codos en el sitio de las alabanzas.

Volver al mismo ojo todos los días está en el horóscopo, está en los meridianos de las edades oscuras, asimiladas al tiempo de la cordura. a
Volver al mismo ojo todos los días.

jueves, noviembre 13, 2008

La misma historia

Cómo podremos contarnos las nostalgias, los deseos, los botones, las acciones con esa luz tan difusa de la modernidad. Me parece que la angina te atormenta otra vez. ¿Cómo ilustrar tus comentarios en la oscuridad, cuando terminas de bailar y atrapas la última luciérnaga para poder amar. Enhiesta y con la voracidad de la noche, evaporas lo que piensas, tus recuerdos.

Cómo podremos decirnos, otra vez; pensarnos en la misma historia y dejar de ser para poder llorar. Todo parece tan frágil, evanescente y te vuelves latente cuando intentas partir.

Fue hace milenios que te castigaron y enmudeciste. El sello de tu vientre se contuvo y creció con los matorrales. Esa capacidad tan tuya de alumbrar el mundo, declarar en declive la subjetividad de las masas.

Cómo podremos contarnos la misma historia tantas veces, y tantas veces asombrarnos con la espera del final que nunca llega.

viernes, noviembre 07, 2008

El desorden de las cosas

De la mano, con una parte del espíritu nos desencajamos; nos volvemos desorden, angustia con soportes de lata: un carisma con eco. De la mano partimos atrasados. El tren no volverá a la misma estación nunca más, nunca a vuelto.
Buscamos el reflejo de esa parte del espíritu que nos sigue y el agua se desprende, nos desprende como goteras que matan la vida.

Ya no hay vida como antes, con carruajes con bueyes encendidos, salvajes; con el ático lleno de lugareños añorando los bosques; con ese escudriñar mitológico de los encuentros, con el cansancio de conocernos.

Ya no hay vida en las manos que puedan soportar los torbellinos alucinados; ese engendrarnos a nosotros mismos desde abajo, con troncos abismales, letreros bestiales y con el semblante en paz.

De la mano volveremos a desencajarnos, irradiados, molestos de rehacernos por la piel, con la muerte sin gradientes, sin esfuerzo, dejándonos estar.

martes, noviembre 04, 2008

Mujer de sola mirada

Mujer de sola mirada, un ombligo, una vida. Las vísceras visitan los meandros del sueño que encaja, ensambla en este universo esponjoso y diverso. Los pequeños infinitos se hacen mirada en las habitaciones decimales de los hinchados la espalda, crucificados con alondras en cada uno de sus huesos.

Mujer de sola mirada, un seno, una dádiva y en tu mano tantos ensombrecen sus cuerpos con tinta de una tarde de compras, maloliente. Con el ser metido en tus médulas, escarbas la unicidad de tu luz que te cae e inunda las pocas sombras que te van quedando, en especial la de tu padre que solía fumar cuando llorabas.

Mujer de sola mirada, ombligo y una vida que la cruza, ataviada de sol, anuda sus pensamientos en una unica visión de todo lo que existe en un verso hecho de agua de su cuerpo, de sola mirada.

miércoles, octubre 29, 2008

Rastros secos

¿Cuánto duran las civilizaciones en convertirse en pétalos, en cuarzos graznando, en abulia contenida, en devoradoras de culturas? Cual estrellas, atraviesan iluminándose, derramando leche, consumiendo hidrógeno, gastando las rodillas y, al final, quedan fósiles, monumentos, escrituras ilegibles y voces de los más sabios moviendo los ojos.

Las más antiguas nos dan la espalda y les salen los mitos por los poros. Exploradores con palas, harneros, pinceles y cordeles las invaden para definir la era, los períodos, el color de los cabellos, los túneles de los cementerios.

Las más cercanas, nos arrastran con los moretones en el cuerpo, los dolores en la nuca, condensando nuestras formas de ser, llenándonos de ceguera. El dinero -liso y escuálido- puede ser coartada inaudible de occidente en sus últimos pasos: sutil y olorosa convención que diluye y vacía lo recóndito masivo del mirar, del posar las manos en otras manos.

Desde muy cerca, las monedas se convierten en rastros secos a la deriva: mito renaciente y sórdido, tecnología para homologar valores, distintos y diversos, plurales.

Los precios de los crepúsculos, acaso, se medirán en volúmenes de sobre-vida, de bancos de pelos, de recipientes de saliva. Y nos venderán el oxígeno, el derecho a mirarnos, las salidas a los patios, los líquidos en gotas y la muerte será una locación turística más.

jueves, octubre 23, 2008

Viejas historias

Revivo nostalgias atravesadas por ligamentos y grasas. Embeleso de curtiembres lejanas donde se amasaban las pieles desde muy temprano, junto a las antorchas que solíamos alimentar con aceite.

Son viejas las historias que nos contaban, al son del martilleo de los cueros, que se iniciaban siempre en la era de hombres extraños y de ojos radiantes que cabalgaban a trote lento disolviendo las formas para preparar los alimentos, para peinarse y de mirar el sol.

Siempre, y al calor del fresco olor a piel de animal y a zapatos quemados, divagábamos ausentes de las exigencias de los mayores, imaginando las proas, las ropas color sebo y las letras raídas cruzando oleajes profundos, con la cruz en las monturas, llenas las alforjas.

Distraídos dibujábamos rostros en relieve y a la razón, penetrando en los milenarios hombres habitantes de las tierras de todos los lares que comenzaban a irradiar templanza, sabiduría con ese resplandor penetrante. Y los hombres extraños se marchaban hacia al poniente y al oriente, hacia el sur y el norte, hacia arriba y hacia abajo, hasta coronar los polos, cruzando laderas mediterráneas, mesetas y cumbres heladas, sin que los hombres nativos de sus tierras pudieran soltar las letras incrustadas en sus almas, los designios de un mundo mejor, la esperanza y esa forma tan especial de tocar el mundo de esos extraños de ojos radiantes.

jueves, octubre 16, 2008

Aroma de humanos

No sentiré la hojarasca húmeda, ni la cuenca vaciándose el ojo, ni veré la resina acumulada por el pensar. En la historia sobre las ventajas del morir, me dejas sin espacio para acumular aire y tengo la sensación de estar repetido cuando señalas que hay otras vidas que hay que morir. Me apena no saber el final y me quitas las justificaciones, una a una, para develar el misterio de los remedios, surtideros y la elocuencia para el buen morir.

Por el manto de la sobre-vivencia puedo huir y dejar de ser, sin necesidad de caer y fingir ser un muerto con nombre. Esa latencia del tánatos marcando números, convocando tradiciones me provoca quistes azules. Por la arboleda visualizas tantas cosas que pueden matar a una persona y levantas la consigna de la destrucción de las señas, de los monolitos de la suerte y es la primera vez que te veo con tu labio ennegrecido por el vaho de la vida.

La ventaja del morir para no sentir frío en los huesos, la describes como si fuera un conchal meciéndose tiernamente en el agua que va quedando de la glaciación originaria. La última ventaja no la conoceré nunca de tu boca, la intuyo mirándote morir despacio, arrebolada, dejando el aroma de los humanos en las cosas, en las ropas, en los rostros, en los hijos, en ese papel mojado que estiras sobre mi mano.

lunes, octubre 13, 2008

De otra forma

No es el olvido lo que puede dañar a las generaciones
es la atracción perversa por repetir las mismas miserias
los mismos fogonazos en medio de los rostros
la misma crueldad con los más chicos
a pesar de nuestro rechazo a las historias de monjes y matronas
de dioses, emplastos y amapolas.

La vida da las mismas vueltas pero de otra forma
siempre de otra forma.

Nuestros rituales son como repeticiones de nuestros ancestros
pero de otra forma
colgados al entrar
al vaciar los bolsillos de los hombres con armas penetradas en los cuerpos.

lunes, octubre 06, 2008

Saberes

Un sabio sentado sobre el residuo de una hoja, hiere las ideas, las emociones de un hombre soldado a una máquina. El sabio –que puede distanciarse del iris- con una doble mirada sobre la materia, llega ahí donde los dibujos de los infantes se enferman; allí donde estamos obligados a imaginar la imaginación.
a
Del sabio sentado destilan lenguajes irritantes y la lógica levanta la espuma de la rabia, el desequilibrio mental del que quiere salir sin haber entrado nunca.

Los saberes se agregan unos en otros, muestran solo los extremos donde fallecen los sentidos del saludo cotidiano, las preocupaciones de un cuidador de selvas y bosques. Ocultan –los saberes- lo que esclarecen, lo que definen y circunscriben, la iluminación tan apetecida de los meandros de la realidad, anocheciendo de vez en cuando.

Los saberes son encarcelados en códigos, son apropiados, expropiados y acorralados por la angustia de encontrarse con el contrasentido. Atrapados por la imposibilidad de volcarse en palabras y dibujos de niños, en una lágrima de un suplicante.

El agua de un astro muy lejano no encaja con la epidermis de la hoja donde reposa el sabio que se aprieta las venas para pensar en la historia, en la superficie de un mito viviente que anuncia el fin de los tiempos y el candente suplicio de los seres subterráneos. Mientras sus manos se esmeran en la escritura, en los signos que transportan unidades de información –piensa él- sin embargo un coro denso e inmenso amplifica y forma lo que escribe.

El sabio sentado piensa en las hojas que sus antepasados comían. Hoy por hoy, las hojas y los antepasados son residuos recluidos en el antebrazo de un niño.

miércoles, octubre 01, 2008

Tiempos de manuscritos

Ni en la tierra, ni entre las piedras puedo dejar los manuscritos, la caligrafía que cargo por siglos en papiros artesanales y parsimoniosos, amarrados con tres cordones de colores. Encierran narraciones ancestrales de seres primigenios, habitantes de las gotas.
a
Me defiendo de las sílfides descarnadas, fumando y sin huesos que residen en las campanas adheridas a las colmenas. Con la caridad de los piadosos creo que podremos atravesar los últimos tramos, los últimos secretos de la soberbia, recluida en los raídos mantos militares, libres de las dimensiones fisiológicas y las ánimas se extienden como cables, se incorporan en circuitos y transforman los rasgos simbólicos de los primeros designios en lánguidas fluorescencias.
a
Más allá de tus pasos, tus caderas me guían y espero nunca morir por nada del mundo. En esta cultura desgastada, agotada, encaramada en los arbustos, beligerante con los escondidos, con esas ganas de historiar, de explicar todo lo que toca, los ojos con las manos abren camino entre las láminas de vidrio de las viejas soledades del universo. En el camino, me salen canas con identidades falsas, se muestran los músculos de las heroínas cartografiadas más allá de los fémures y las columnas del fin del mundo se desploman en tu regazo.

sábado, septiembre 27, 2008

Algún día

Algún día
nos pedirán las pruebas
las huellas en la muñecas
el olor de la penetración
los alaridos de la fiebre
las sombras y sus ángulos
los sitios lacerados
el sudor en la madera
la víctima y su espejo
las risas de los posesos
la sangre marcando los lienzos
la angustia postrada en
suave melancolía.

Nos pedirán
al menos un indicio
el origen lacustre
la primera palabra
los primeros vellos
escamas
y, quizás,
un recuerdo.

jueves, septiembre 18, 2008

Morir despacio

A veces las gentes mueren despacio como los náufragos, mueren sin conocer los nidos de barro, las penumbras de los árboles, las nueces caídas en su vientre.

A veces hay gente que muere atardeciendo sin culpas, sin ilusiones de despertar ante la locura envejecida, estornudando en los portales.

Los genocidios de ojos desmesurados quedan fuera por no saber quienes son. Las gentes, iluminando los cuerpos a horcajadas secándose, redondos, como es natural de los seres abandonados. Cubiertos por fantasmas, acrílicas formaciones, profundidades biológicas. Reiteras tu nombre y sospechas del vecino extranjero.

Hay veces que las gentes mueren muy despacio, con sus ropas, zapatos y un par de fotografías.

Los recuerdos verdaderos mueren con ellas y en la orilla sientes frío, sientes llover, sientes el sin sentido de las gentes que mueren queriéndose.

viernes, septiembre 12, 2008

Tu estancia

Saber cómo se hacen cosas las cosas
cómo la vida se trenza consigo misma
interrumpe su abismo en la catástrofe.

Cómo se diseccionan las formas
para dar cabida a la pesadez del existir
cúmulos de emergencias desde abajo
de lo profundo
del caldo caótico de la separación siendo uno.

La calidez de tus tendones
se amarran a tus huesos
para soportarte
y saber cómo se hacen tus sentimientos
cada vez que miras hacia levante
cada vez que sientes el agua en tus senos.

Cómo saber de tu estancia circunspecta
en este día de la alegría
del saber haciendo silencios
charcos mecidos por el viento.

lunes, septiembre 08, 2008

Escribir es un escape

El estruendo en las vidas, el alumbramiento de una garzota y es la música de la emergencia, de lo sumergido que nos azota. El escribir es un escape, es una forma de vivir en láminas de secreción, de arribar al mismo puerto casi todos días, cansados y con las vertebras enjutas.
a
Un enorme espíritu empaca los universales y muda sus letras. Escribir es un escape cerebro con cerebro, más allá las creencias en las musas; escribir es remontarse a sí mismo mirando el paisaje de eso que nos rodea, que nos rebota cada vez que decimos el nombre de los vulnerados que mueren atrás.
a
El escribir es un escape, es una forma de vivir en láminas, succionando, succionados por esa frontera digital, etérea y ambigua de la soñolencia del ser-mirados, del estar ahí fracturando la fragilidad de las monedas; de eso que creemos volviéndonos realidad intransigente al igual que la torpeza de las murallas, de las junturas de las ventanas.
a
Escribir es un escape -palabra a palabra- intercalados lo silencios como noches de luna, es un modo de existir.

lunes, septiembre 01, 2008

Carne con metáforas

Descendemos palpitando
confundidos
con el pulso desorbitado
entre urdiembres
entre espasmos
entre caricias.

Descendemos
siempre
en la conjunción de los otoños.

De sol a sol
cientos, miles de veces
la carne da cabida a las metáforas
ensoñaciones y sonrisas.

Los huesos, tendones
plasmas y vísceras acunan
son morada
de ideas,
de la moral
de los discursos
de las ganas de dinero
y nos pasamos los días
con los cabellos enhiestos
hurgando los ácidos de la vida
los orígenes del deseo
los hilos del padecer
la gordura del cerebro.

De sol a sol
se percuden los cuerpos
los amigos, las parentelas
las multitudes
todas hechas de sangre
de piel y hedores
a veces con turbantes
chalinas o sandalias
comiendo maíz o muérdago
y siempre
esperamos a mamá.

miércoles, agosto 27, 2008

Dos adverbios

Hablar, poblar y discernir
con uno, dos adverbios.

Pájaros devueltos a la libertad
deslizan sus existencias en historias
con compases que atan
geológicos y sangrantes,
respirando agitados
igual que corcel,
igual que la agonía,
igual que los marinos en tempestad
igual que las mujeres seduciendo.

Entre cuatro paredes,
laderas y los hálitos del sur
con el pecho lleno de pólvora
nos empujamos para
matar a la especie
y regresamos con los rebaños
encendiendo las fogatas.

Hablar con los lobos
enraizados de cariño
poblar, discernir
con uno, dos adverbios
siendo infante, silente y desdentado
jugando con las escamas de un ácaro,
con la mueca de un hospitalizado.

Hablar, poblar y discernir
con uno, dos adverbios.

viernes, agosto 22, 2008

Mar

¿Cuan grande es la textura del mar? Su nervio, su espesura en la fragancia de las naves; la fuerza brutal en las rocas y el sempiterno regreso de las olas. En el mismo paraje de labios sangrantes tus sombras se diluyen en la oscuridad densa y retumba lo profundo, lo desconocido: el habla se vuelve seca burbuja.

El desordenado origen se entromete como vejiga, filtrando lo desmesurado, lacerando los fluidos que bajan por tu cuerpo. Cuerpo extraño, sin espesor, enjuto y soberbio. La naturaleza de lo natural te envuelve sin conocerte y desde dentro empezamos a sumar lo que se nos había olvidado.
a
Resisto lo embates del loco viento que se engulle tu torso y ya no existe la vieja playa donde, en medio del día, el mar se fue con su salina fuga hacia las estrellas, con su azul deforme y su cristalino bosquejo.
a
El mar gigante se nos fue con la angustia de la pregunta por las cosas que van al mar, por los sueños y la ternura olvidada, disuelta en la espuma de estrellas que asoma por las noches.

domingo, agosto 17, 2008

La melancolía

La melancolía por querer ser grande
adusto y engreído
sin saber lo que es el poder.

La suciedad se muestra en las narices
y queda poco tiempo
enredado entre palos.

El aguacero muele ese olor a romero
y la viejas ruegan
con el rosario en mano
con los codos
y no se sacian de mirar sin parpadear
perplejas
ante el prístino aire dejado de llover.

El sol a bocanadas ingresa
entre el puente y la puerta
hasta llegar purgando el sueño
el seno
las cobijas revueltas
las ganas de orinar
consumando el ciclo diario
el proceso con aletas
ese quemarse diario
esa disciplina vagabunda
y las viejas ruegan
con el rosario en la mano
el retorno a la contemplación
-calle abajo-
moliéndose las encías
las reminiscencias.

lunes, agosto 11, 2008

Nos quedó dicho

Nos quedó dicho
en baja voz
el desorden yace en tu interior.

Nos quedó dicho
con tono de miedo
témete a ti mismo
como temerás a los demás.

Nos quedó dicho
entre la fisiología de la garganta
y un rumor
que nos ahogaremos en el Verbo.

Nos quedó dicho
que si inventamos
el futuro, el desarraigo y la ilusión
flotaremos en la eternidad
en el aura
en la desesperación de sabernos.

Nos quedó dicho
muy atrás
cúmulos de rezos
y sollozos.

Si volvemos a inventar el futuro
nos quedará dicho
otra vez
el caos eres tú.

lunes, julio 28, 2008

La dimensión de las cosas ocultas

Partes del alma se afirman, se agarran de los astros, de los espacios que resisten al tiempo. No digo tonterías. Entre trastos viejos sospeché que el espacio no es más que la dilatación del tiempo. Un tiempo largo, un presente inmenso y cálido que nos abarca a todos. Una duración casi eterna donde nos alojamos junto con las cosas, con los astros, con los huesos, con la latencia de lo diminuto, con la abstracción de tu rostro moreno.


Fue en un diciembre de hace mucho tiempo, recuerdo, mientras miraba el polvo sumarse a los trastos intentando regresarlos, ocultarlos en la trama de la tierra, de esa naturaleza de antes.


De tu falda negra se desprenden migajas y ese pelo tenue, prolífico que vas dejando tras tu andar. ¡Duras tan poco! El mundo no es más que la infinidad de tiempos de tantas cosas; laberinto de presentes mirados desde el orificio de la vida. Me dices que estoy de lado, que la conciencia me queda muy chica, que dejaré de estornudar cuando caiga granizo y el invierno anochece más temprano.


En la dimensión de las cosas ocultas los tiempos viven solitarios, ajenos, sin poder mirarse.


En una cabaña modelas un cetáceo con ojitos de cristal y me da lástima verte de lejos, incrustada con tantas cosas ocultas, en el lugar donde las aves van a dormir. El rumor de fondo se sedimenta en los oídos: es el rumor del tiempo cósmico abriéndose como espacio.

miércoles, julio 23, 2008

Manchando el alma

Tratando de entender
tratando de querer
entre arbustos
y el trepidar de la vida;
entre tus ropas
y la mancha negra del paisaje.

Llevas tus oídos
en una lienza de lino
el plasma mecido
por el aroma del viento.

Tratando de querer
tratando de entender
la parte que queda del todo
en el vacío de tu sonrisa.
Como víctima del ser victimario
muto flotante por tus ropas
como la mancha
siempre negra del paisaje.

Llevas las uñas, los codos y la lengua
llenas de rocío
seduciendo a tus fantasmas.

Tratando de entender
tratando de querer
no despertaré jamás
sin esa pena mía.

domingo, julio 20, 2008

Sol litúrgico

En el mediodía
me envuelvo con amplias ropas
que cabemos más de dos.
Cruzo un estero, una duna
bloqueo el regreso a la memoria
con plásticos
con roncas agujas
y el sebo salobre
de la carne seca.

Un sol litúrgico
consume, asoma.

Aún en el medio día
puedo amontonar
ojos grandes
jugosos, esféricos, corroídos.
Un poco de polvo
y esa sed
que casi siempre queda
después de la guerra.

Aún, en el medio del día
me puedo despedir
me puedo disparar.

Un sol litúrgico, consume, asoma.

lunes, julio 14, 2008

Calle mayor

La calle mayor no tiene sentido
las tejas se volvieron tierra menuda
abrazadas a los aguaceros.

Las banderas de papel en la frente
compartíamos pan
en la cuesta del bien y del mal.


Golpes en las rodillas
la patria y la duración de los pájaros
ronca voz de la entendedera
y nos arrinconan en las casas
con un final con besos.

En la calle mayor
las ventanas se tragan el tiempo
los cerros se achican
y el sol de los patios
se nos pega en la frente
como los colores a las banderas.

La calle mayor no tiene sentido
las tejas se volvieron tierra menuda
abrazadas a los aguaceros.

jueves, julio 10, 2008

Colores de la tristeza
















Al interior de los días
nos avecindamos
como si nos faltase calor
y nos miramos la intimidad
casi olfateando,
los agujeros de la piel
los colores de la tristeza.

Desde allí,
es difícil comprender
los aspectos gigantescos de la vida
los espirales celestes
los resfriados
las mutaciones maternas
la infancia de las calandrias.

Más, entre las habitaciones
nos van seduciendo
nos van consumiendo
al interior de los días
con deslices egocéntricos,
con historias de tierras lejanas
de batallas en directo
la sangre descendiendo
por la costumbre desconfiada
de vernos tan de cerca.

Nos guarecemos
en los cabellos
en el costado izquierdo
de los cuerpos sin cerrar
con globos de aire en las arterias
en los pedazos de muerte
que se adhieren,
insertan
en los agujeros de la piel
en los colores de la tristeza.

viernes, julio 04, 2008

Mirando desde fuera

Mirar desde fuera, a veces, lleva a singularidades que son imposibles de catalogar y reconstruir.

Desde fuera, los indicios y señales son la savia vital de nuestro soñar, de nuestro pensar hasta agotarnos y sentirnos plurales. Al escapar a la singularidad de cada momento, nos ocultamos para ser reconocidos, tomados en cuenta en este mundo de mercaderes.
a
Más allá, la nostalgia de las viejas miradas -esas añosas y vertebradas- con un sin-tiempo en la liviandad de los huesos cada vez más porosos.

Acercarnos a ese roce indefinible con el suelo, con la locura de los sádicos y violentos que se envuelven con los frascos, con las vendas heridas, en la sangre habitada por ese hombre siempre simpático de la calle, que no tiene preguntas sino tan solo miradas.

Vaya uno a saber dónde mira, dónde las recoge cuando masacran comunidades, acumulan riquezas o supeditan a vastos universos de signos, supuestos, preguntas y sentidos de las cosas.

Si miramos nuestros ojos, es posible descubrir la trama de nuestros desvelos, de nuestras pesadillas. Este alambicado y querido mundo nos recubre de cenizas, desventuras, retazos de historia y nos tira escombros humanos al compás de su acompasado afán por vaciarlo todo.

miércoles, junio 25, 2008

Videntes

Mudando por las costuras, por las olas cerradas con cremalleras, puedo percibir el viento quemante, las aguas volviéndose morenas de tanto suplicar. Cada vez que las amenazas sean más estentóreas y visibles -dicen los videntes- acabarán por estropear la paciencia de los gentiles que pueblan las comarcas, que viven en viejas limusinas y canales con charcos secos.

En un noviembre caerán luciérnagas en los domicilios, los médicos se transformarán en plasma, los muertos se volverán a matar y los asteroides tendrán más agujeros. Se abrirán todos los super-yo y crecerá el pavor por la destrucción de los inconscientes; los gobiernos construirán gigantescas lupas para quemar a los bárbaros y las nostalgias serán repartidas -masivamente- para combatir la escasez de lágrimas.

Dicen -los videntes- que las suplicantes se levantarán desde las profundidades para destruir los trenes, los embarques y, en las noches, se escucharán sus lamentos hasta que los tornillos sean expulsados de sus agujeros. Los lenguajes colapsarán ante imposibilidad de no poder explicar la falta de creencias, la tendencia de los animales a pegarse a los artríticos, la represión de los sometidos agarrados de sus televisores; la lenta desaparición de las luces en los cielos y la migración de las aves hacia lo humano.

En una cercana mañana -dicen- no podremos ir al trabajo porque todo será como jabón y las luciérnagas se estremecerán ante tantos ojos cautivos. El eco eterno de los coros llamará a la cordura de los cuerpos de los gentiles abrazados que iniciarán un nuevo camino, una época nueva sin las amantes voces de lo alto; sin el calor marsupial de las metafísicas de antaño.

viernes, junio 20, 2008

Distancias

Las distancias son burdas canciones que nos envuelven cada vez que nos relajamos, cada vez que nos pensamos naciendo. Quizá nuestro primer recuerdo es somero, pura sensación del sentir en un mundo de contornos claro/oscuros, igual a las fotos antiguas de mamá o de la abuela que recogía avellanas en el campo.

Esa distancia augusta de papá al reírse, me dió miedo por el desprecio que emanaba de sus manos, garganta y sus zapatos llenos de barro.

La distancia de las cartas reflejadas en la mirada de mamá o de la vecina que vivía en la casa subida al cerro. Cartas que nunca llegaron, simplemente fueron esperadas.

martes, junio 10, 2008

Duramos

Alguien levanta polvo e interroga sobre el tiempo. Me dice que es la nada entre dos nadas y duramos. Me resisto, me niego a diluir mi vida en el presente que dicen es el mismísimo tiempo natural.

Tienes la duración de un durazno, me dice, y el pasado se adhiere a cada una de mis células; los laberintos basales toman forma de pasado y duele pensar el devenir.

Espero que mañana no sea como siempre y nos queremos cuando vamos hacia el anochecer, tus manos se vuelven cera sobre el nácar del día. Juntos sentimos la duración de los vestigios, la oquedad pretérita en las cosas. Los núcleos se sincronizan para durar con el letargo sideral mientras dejamos las pisadas en los charcos. Me niego a esperar que siempre sea lo mismo y me arrinconan en mi conciencia como si fuera tan solo un ser solitario.

Espero que el tiempo, en algún momento, nos deje. Desde el fondo de piedras y agua fluyes con esa forma tan tuya de sentir y duras casi nada, un aliento, un aleteo y alguien no nos dice nada.

lunes, junio 02, 2008

Te pintas los ojos

Te pintas los ojos sentada en el suelo. A tu izquierda una estrella gigante cubierta de helado y el queso caliente te desborda la falda. El universo parpadea y empezamos a peinar las cabelleras frondosas de los jóvenes acabados de bañar. Si no es mucho pedir, podrías quitar las catástrofes de la ventana y habilitar tu capacidad de hilar las evocaciones y, en el tumulto, tratar de mirarme en esta espera ansiosa por algo mejor.

Dejas ver tus piernas desnudas, densas, y ocultas tu boca en el rastro de un hombre recién sepultado. Claro, la guerra... me dices con voz digital. Las esquirlas te obligan a cerrar los ojos y sentimos el sudor de los ombligos mientras buscas una toalla para esconder los agujeros que van dejando las huellas del hombre recién sepultado.

Tus piernas vestidas se encumbran y aprietan como si fuera la primera vez. La estrella deslíe el helado dulce, tu falda encierra el calor de la noche anterior y dejas de dibujarte el rostro, aumentas el volumen y vuelves a sentarte en estos días de invierno.

miércoles, mayo 28, 2008

Lo otro

El polvo de los astros
el reflejo de las serpientes
la cantata de verano
el imaginar al prójimo,
nos molesta.

Los escarnios,
a veces,
alumbran la ansiedad
ese contorno viscoso
en el extremo del patio
entre las piedras y las puertas.

Y nos vamos rasgando las penas, el aura.

Hay demasiadas veces
que no puedo
imaginar lo otro
la alteridad
y me quedo en mi mismo.

sábado, mayo 17, 2008

Sentirse con rostro

Sentirse con rostro
sin la custodia del retorno
rasgando
llantos inconclusos
quietos,
como la lluvia en el pecho
en el pánico
hecha de oscuridad.

El despertar
de los memoriales
el despertar de lo innombrable
sus cóncavos pasos.

Sentirse con rostro
íntimo,
único
singular
en las falacias del verbo
en la vacuidad del estar en los demás.

domingo, mayo 11, 2008

Ser-en-el-entorno

El fondo que nos rodea es un surco de minucias, sucesos baratos, comidillas sobre dimensionadas: ese sabor mediático que nos envuelve. Los pelos en la boca, lo blanco sube despacio por la manos agitadas, se descarrillan lo sueños, lloran la viudas, se festeja la primera vez varias veces, y los pelos nos estorban, nos hieren las gargantas.
aa
El fondo que nos rodea se disloca, creándonos un cerco de excusas y acusaciones. Más allá, más acá todo se multiplica por dos y es difícil seguir el argumento, la inquina del ser-en-el-entorno. Una sucesión de hechos discretos que se unen solo como aderezo, nos rodea sin que podamos percibir el orden que los nutre.
a
Una trama pegajosa sostenida por nuestras bocas. Un surco de minucias, sucesos baratos y comidillas nos alegra con la juntura curiosa de las manos sonrientes.
a
Los pañuelos se despiden, el blanco sube despacio y comentamos la calidez de un abrazo con el atraco del día, con la depilación de un beso.
a
Los pelos nos estorban en la estrechez de ser-en-el-entorno, en esa tan antigua costumbre de vernos tan de cerca.

martes, mayo 06, 2008

Ganas de historiar

¿En qué hendidura del mundo habitas? Quizás recibes parte de la luz que alguien desprecia y deshecha al tarro de las cosas encendidas. Cual luciérnaga ciega, viajas por todas partes, exhibiendo tu cuerpo herido, traslúcido con los alimentos en tus rincones más recónditos e íntimos.

Haces historias de todo lo que tocas.

Tu mesurado y nuevo primitivismo asusta como hoja saturada y afilada, como la mortandad de los pastizales del mundo cuando todos los pobres comiencen a comer, cuando se cuenten sus historias colocandolas en los percheros del tiempo.

La reencarnación de tus fetiches - agujas flácidas sincronizadas ahora con sagitario- y el firmamento visto desde la llanura lloran los hartazgos de los hombres y mujeres contando estrellas. Esa espeluznante manía por imaginarnos nuevamente primitivos: ajustando las ruedas, las flechas y las cerámicas a los elementos de los mundos de gases, de tierras sin aire, de abismos vacíos de gravedad.

Esas historias, grandes historias de pequeños amores fósilizados palpitan, escondidos tan solo por tu cuerpo herido, traslucido en esa hendidura del mundo que habitas. Sin los elementos de la vida das vida a esos lados del mundo que causan sospechas, temores o anuncian las catástrofes del mediodía.

Esas ganas de historiar cualquier cosa nos ilumina en cada dimensión del mundo o de los mundos que habitas.

lunes, abril 28, 2008

Goteras en cautiverio

Es posible que el fragmento de entropía cautiva en tus manos vuelva a ser origen. En este afán de expandirnos en el mercado, tú muestras tu lado bueno, sin lamentos y con ganas de salvar personas; esa adoración tuya al silencio en ciudades amantes del estrépito. Sin embargo, te palpitan los genes más deformes y vuelves a atrapar ese descomunal deseo por el caos que nos gráfica en la hora masiva de la angustia.
a
Es posible destruir lo humano con tan solo dos dedos llenos de escritura; expeler conjuros para construir un domicilio lleno de recuerdos amatorios, vibrantes, azulados. Allí, nuevamente podemos expandirnos más allá de las sábanas tejidas con notas periodísticas, con semen con cicatrices, con auras de fino hilado.

Ya es hora de desprendernos, de volver a gritar y protestar por la falta del Padre. En ese turbio mundo del frío universal donde todas las cosas se detienen, la entropía cautiva en tus manos agoniza. Nos regresamos a ver mientras tu deliras en ese mudo helado, allí donde el tiempo colisiona consigo mismo.
a
Puede ser que, a costa de tanta desazón, tus dedos se conviertan en escritura, una especie de "Critica a la Razón Amatoria": un libro gordo y con goteras.

viernes, abril 18, 2008

Entre tantos

Somos tantos para sobrevivir entre tantos. Algunos agarrados de alguna loca arenisca, otros de sus propios recuerdos enhebrados; los más, depositan sus carnes en baúles opalescentes con viejas hiedras que acarician sus tendones. Todo es un juego de cosas sin orden ni concierto.
a
Sumando los lamentos podemos llegar, vacilantes, al otro extremo: allí donde se cava en la orillas y reinan las locas areniscas.
a
Ente tantos, la seducción del horno ancestral se siente atrapada, diletante en las expresiones de los rostros que se chocan, se arañan, se escudriñan. Se murmura la misma frase en los pasillos, en el dorso de cada hoja y, en la libreta, transcribes los grandes letreros que se publican en el vivir entre tantos.
aa
En el comienzo tu cintura es triste como triste debió ser crear el mundo. Entre tantos el comienzo se vuelve un asunto de ojos convexos, de recovecos herméticos, de sumideros de naturaleza desconocida pero patentada.
a
Entre tantos, jugueteas con la arenisca, degustas un poco de mar y te levantas en las puntas de los pies para mirar más allá del último polizón que llega, como siempre, con aires de suficiencia entre los que cavan en las locas areniscas.
a
La tarde amenaza con un sol radiante y tú sigues mirando entre tantos, con los cabellos sueltos desde el comienzo.

domingo, abril 13, 2008

Nombres de metal

Nombres de metal, labrados en la noche con los bordes del fuego. Simples nombres, de esos comunes, cotidianos, llevados todos los días con su corporalidad de huesos con incertidumbre, de sangre inducida, de recuento de las balas en un escritorio de policías.
a
Ese brillo terrible de las tormentas humanas cuando quieren retorcer la piel, la base de los cabellos. Cuando esgrimen las escobas con secreciones sanguinolentas, en los platos las cremalleras de los pantalones con vellos arrancados y la saliva acurrucándose en los fierros del suplicio.
a
Los nombres con la banalidad de los óxidos en su lenta transmigración por el agua que se corta en segmentos: partículas de mentol para el dolor, las hierbas para curar un esófago roto, la débil meditación para la sanación del alma.
a
Nada circunda la noche cuando se labran los nombres con los bordes del fuego y las manos se vuelven cera. La llovizna se arremolina en tu falda en la liturgia de los nombres de metal.

miércoles, abril 09, 2008

Penar y pensar

Penar y pensarlo todo es un atardecer, es un espacio mediterráneo con sol. Penar y pensarlo todo es una inmensa red con la forma del ojo, con la textura de los iris florecidos de tanto mirar el tiempo.
a
Penar y pensar las sombras de un sombrero, la soltura de las carnes y la languidez de los viñedos. Dan ganas de salir de la tierra, dejar los rumores apocalípticos y esperar que el sol se apague.
a
Sol calcáreo con filamentos y pestañas nos dibuja los ojos y sabemos cuando es el momento para convertirnos en mirada, para conversar sin mirarnos.
a
Una larga e infinita tertulia para explicar los ojos dentro y en red.
a
Penar y pensar el sol, astro deshuesado, familiar y querido, tan distante en realidad, pero metido entre las hojas y la pared.

martes, abril 01, 2008

Puntal

Nos calentamos con el fuego, la comida sedimentada, el hornillo dispuesto y los panes en el rincón. Con tiempo y paciencia arden las carnes, las goteras arrecian y un dosel con ramas frescas cubren los cuerpos. Se nos pegan las estrellas y el horizonte se convierte en ceniza en esto de incrustarnos en la tierra, en el agua como agujas de brillo fruncido.

¿Quien pude clavar el agua con un puntal de sueños?
a
¿Quien puede reflejar su alma sin dejar su rostro en el espejo?
a
¿Quien puede recibir un consejo y empezar a morir por las uñas?

viernes, marzo 28, 2008

Rostro-boceto

Detrás de la realidad, sueño lo liviano. Los encajes viejos sirven para separar las partes sutiles de la vida;la biología de nervio y concertina, la biología de cielo sonrojado que va quedando detrás de tu rostro-boceto.

Detrás de la realidad, tú y la significación del derrumbe. Con las manos enlazadas, se baila con el temblor de las concertinas en los poblados de los desarmados, en las hendiduras de cada puerta tachada con sus codos, en los intersticios de los lugares pequeños.

Sueño con lo liviano de las manos enlazadas y sus células muertas.

Detrás de ti, una simple certeza: tu rostro-boceto escurre sus últimas lágrimas.

martes, marzo 25, 2008

Villa Grimaldi

Un libreto con pasta gruesa, un monólogo de sitios con memoria, secuencias cinematográficas que podrían ser. Llevas los expedientes, los ataúdes con hilos suspendidos, con manos colgando: las lápidas renegridas y, ahora, todo es silencio cristal sin poder reflejarnos en él, sin poder tomar una foto de los confines de ese silencio.

El aire se vuelve turbulento muy cerca de la fuente de agua, donde los gorriones -ahora- esperan tan solo la lluvia. Las incrustaciones en las grasas, la quemazón de los pezones, los gritos y los escarnios; los tendones sin sus huesos. Todos -ahora- son espacios con memoria en cada nombre, en los palos rotos de los que soñaron fugarse.

El sol cicatero envuelve el otoño y el silencio cristal se rompe, te lastima. Tantos sollozos tenues, recuerdos de vidas chiquititas, miserias esponjosas que se ocultan del acto de la memoria. Eso que no se vio queda en la turbulencia del aire como un rasguño, como ciega escritura.
a
El sol cicatero envuelve el otoño y nos cuesta tanto memorizar la memoria.

miércoles, marzo 19, 2008

miércoles, marzo 12, 2008

lunes, diciembre 24, 2007

Los mejores versos

Los mejores versos descienden, se desintegran. Entre tonos grises y ocres se balbucean sentimientos, orificios oscuros, la pradera deslucida y tus manos se cubren de hojas del color de la tierra. La horquilla marrón de tu pelo es distinta, transparenta el sol de la tarde y te pierdes entre los arbustos.

Los mejores versos no se dicen, cabalgan, se suman a la brisa fresca. Los troncos crujen, la madera mojada huele, las ramas son coartadas para mirar el sol y los versos descienden.

Más allá del horizonte hay otro horizonte, y te pintan con pinceladas muy gruesas, son demasiadas para tus facciones. Te angustia no poder salir de los grises, de las penumbras de los versos diluidos, caídos.

Los mejores versos no se dicen y me miras.

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